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domingo, 9 de diciembre de 2012

Historias de Navidad III


Avanza el mes de Diciembre, se aproximan las cálidas fiestas navideñas,  y parafraseando la popular canción Love is all around, todo a nuestro alrededor sabe ya a Navidad. En click2words nos disponemos a celebrar nuestro tradicional certamen de relatos navideños; estáis invitad@s a compartir en este blog imborrables recuerdos de una festividad tan entrañable y familiar. Como en anteriores ocasiones os dejo, a modo de ejemplo, mi propia historia y os invito a que disfrutéis también de las creaciones de vuestr@s compañer@s de cursos anteriores: las encontraréis en los posts Historias de Navidad e Historias de Navidad II, en la sección de Relatos Navideños.

La Bella Durmiente

Mi historia comienza en los primeros días de Junio varios años atrás. Navegando por internet entré en la página de un teatro londinense y leí sobre las distintas obras de su programa anual. De entre ellas me sedujo una en especial, el ballet La Bella Durmiente. Os parecerá una locura pero decidí comprar dos entradas para la representación que tendría lugar en Diciembre. Las entradas no me las enviarían a casa, sino que debía recogerlas en el propio teatro. ¡Ah!, olvido decir que entonces yo no estaba casado, ni tenía novia. 

En los días posteriores pensé con frecuencia en quién me podría acompañar si finalmente viajaba a Londres para ver el ballet. ¿Quizás alguno de mis hermanos? ¿algún amigo? ¿alguien que todavía no conocía? Podría también regalarles las entradas a mis padres. En cualquier caso, el problema radicaba en el lugar de la representación: las entradas necesitaban de un par de billetes de avión y un sitio en el que alojarse. "Bueno, hay varios meses por delante, ya veremos qué pasa hasta entonces" pensé.

El viaje a la Navidad en Londres estuvo lleno de momentos y sitios inolvidables: luces, árboles, y decorados por todas partes; chocolate caliente junto a un Big Ben que marcaba las cuatro de la tarde bajo el cielo ya oscurecido; sandwiches y risas compartidos con ardillas, todos ateridos por el frío en el parque; trayectos en la planta de arriba de los autobuses rojos; sabrosas galletas de chocolate en el departamento de alimentos en Harrod's; o la preciosa pista de patinaje sobre hielo en Somerset House.

El sábado 9 de Diciembre amaneció frío y soleado. El metro nos llevó hasta la estación de Covent Garden, y un agradable y corto paseo a pie a la recepción del teatro, donde, atendidos con toda amabilidad, recogimos las entradas. Era todavía temprano, tuvimos tiempo de pasear por la zona y disfrutar de su alegre ambiente navideño, presidido por un gran árbol con bolas de todos los colores situado en la parte de atrás de la iglesia de St. Paul. 

Cuando escribo estas líneas se cumplen seis años de aquel día. Antes de entrar al patio de butacas recorrimos diversas partes del teatro. A mí me gustaron mucho su fachada, de estilo neoclásico, y el gran espacio con paredes y techo de cristal en el que la gente tomaba algo antes de la representación. Ya en nuestros asientos estábamos embelesados por la grandiosidad del recinto, con aquel inmenso telón de terciopelo rojo que escondía miles de pasos y movimientos que en pocos minutos contarían un cuento de Navidad. Cuando el telón se abrió la belleza de los decorados y las primeras notas musicales de la orquesta hicieron que quien hoy es mi mujer y yo apretáramos nuestras manos ya cogidas.  

viernes, 2 de diciembre de 2011

Historias de Navidad II


Se acercan las fiestas navideñas y en click2words nos disponemos a prepararlas contando breves narraciones ambientadas en esta época del año tan entrañable. Ya lo hicimos el año pasado y cuánto disfrutamos con los relatos tan bonitos que crearon l@s alumn@s que ahora están en 4º de ESO. Como entonces, también en esta edición yo os dejaré mi pequeña gran historia: grande no por sus palabras o imágenes, sino porque me gustaría que fuese un cariñoso homenaje a una de las personas que conozco que más y mejor honran el espíritu de la Navidad, mi padre. No olvidéis que esperamos deseosos muchos comentarios, esta vez en forma de recuerdos de vuestras vivencias navideñas.

El día antes de Nochebuena

Mi padre ha sido recovero, bueno, sería más apropiado decir, lo es todavía: más que una profesión, es una manera de ser que te acompaña mientras vives, que habita en ti y en las almas de todos con los que la has compartido. Como buen recovero, a medida que noviembre avanzaba, mi padre iba reservando entre sus clientes del campo pavos y pavas, para después llevarlos a muchas familias en los pueblos. Bueno, llevarlos, matarlos, y en ocasiones, incluso pelarlos: eso sí que era servicio integral a domicilio.

Nunca olvidaré una mañana, el día antes de Nochebuena, que pasé repartiendo pavos con mi padre. Tendría yo entonces doce años y era mi primer día de vacaciones. Nos levantamos temprano, fuimos a la cochera donde los tenía; los cogíamos por las patas y los íbamos metiendo en el Land Rover -el coche de mi padre siempre ha sido un Land Rover: no podía ser de otro modo, teniéndolo que cargar con ropa de todo tipo, huevos, verduras, hortalizas, ... y pavos para Navidad-. Y una vez lleno, a llevarlos a las casas. Después de dos o tres horas intensas era el momento de lavar bien el coche, había que dejarlo como nuevo para ir a Sevilla por la tarde.

Aparcamos en el solar que había en una de las esquinas de la Plaza de la Encarnación. En los almacenes de la calle Puente y Pellón recogimos todos los encargos que mi padre empezaría a dejar por los campos tras el día de Navidad. Volvimos al coche con varios paquetes y bolsas, los metimos dentro y cuando me disponía a subir mi padre me dijo que todavía no habíamos terminado. El cielo estaba muy nublado por lo que parecía más tarde aún: ¿a qué hora llegaríamos a casa?, pensé yo. Y entonces mi padre me llevó a la calle Regina, repleta de pequeños comercios de cuyos escaparates salían luces tenues y hogareñas, como las de las tiendas y negocios que describe Dickens en su inolvidable Canción de Navidad. Entramos en varios de ellos y nos aprovisionamos de nueces, higos secos, almendras, dulces, y otros manjares propios de las fiestas. ¡Qué bonito estaba el barrio cuando de vuelta al coche ya había anochecido y el alumbrado brillaba en las alturas!, ¡qué feliz me sentía al lado de mi padre paseando por la Navidad!

Siendo ya adulto viví en aquella zona de Sevilla durante cuatro años, por lo que anduve muchísimas veces por la calle Regina, y cada una de ellas, en la calidez del invierno o en los aromas de la primavera, sentí muy vivo el recuerdo de aquel lejano día antes de Nochebuena en compañía de mi padre.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Historias de Navidad


Se acerca la Navidad y he pensado que una bonita forma de celebrarla, desde este blog, puede ser convertir en relatos cortos, hechos que hayamos vivido relacionados con esta festividad. Os invito a todo@s a que viajéis por vuestros recuerdos navideños, y una vez encontrado alguno especial, lo narréis con brevedad, y también con emoción y cariño. Y para predicar con el ejemplo, ahí os dejo el mío. Espero que vuestros comentarios sean esta vez pequeñas historias con las que disfrutar y homenajear al espíritu de la Navidad.

Un Regalo de Palabras y Dibujos

Sería la primera Navidad con Álvaro entre nosotr@s, un bebé con ojos vivaces e inquietos. Pedro tenía ya cuatro años: todo un hombrecito, siempre dispuesto a escuchar historias y a ir a la sierra en busca del zorro blanco. Mis dos sobrinos, quería regalarles algo especial, diferente a lo que se encuentra en jugueterías y comercios varios. Al principio no sabía qué, pero al preparar algunos villancicos para cantarlos con mis alumn@s en clase, lo tuve claro: me basaría en uno de ellos. A Pedro le encantaría, y a Álvaro, con el tiempo, también.

Fueron días, aquellos primeros de Diciembre, en los que abría el ordenador con ganas de dejar volar mi imaginación; antes de continuar, siempre releía lo anterior, y hacía algún que otro cambio. Cuidaba que hubiera las suficientes repeticiones para que no se perdieran ni un detalle, abundantes descripciones para verlo todo como si lo tuvieran delante. Y así, casi sin darme cuenta, lo terminé. Era el momento de darles una cuidada presentación, y a ello me ayudaron unos papeles acartulinados y la destreza pictórica de una alumna, que los decoró con hadas y otros seres maravillosos. Ya tenía sus regalos; cuánto disfruté yendo a comprar el papel con el que envolverlos. En la tienda me topé con una pared cubierta de pliegos con maravillosos diseños; me transportaron a tiempos muy pasados, anteriores incluso a mi infancia. Elegí uno con el fondo sepia, y adornado con dibujos de coches de juguete antiguos; los había de todas las formas y colores: azules, rojos, amarillos, verdes..., me sugerían niñ@s en el suelo, jugando con ellos, moviéndolos de un lado a otro, e imitando el ruido de sus motores.

Tras el jolgorio de la noche anterior, la mañana de Navidad fue silenciosa durante un largo rato. Sentado en un sillón, viendo la tele, esperé a que la casa cobrara vida. Álvaro todavía dormía cuando sus padres se levantaron; siendo él tan pequeño decidí darles a ellos su regalo. Pedro llegó a mediodía, muy arreglado para comer fuera. Nervioso, abría el suyo intentando no romper el papel que lo escondía. "Un cuento, el tío Antonio, te ha escrito un cuento", le dijo su padre, mientras él sostenía en sus manos cientos de palabras y varios dibujos.